La censura del tango por la Iglesia francesa en vísperas de la Gran Guerra (con una postdata de Erik Satie).

Contenido principal del artículo

Esteban Buch

Resumen

La condena contra el tango en enero de 1914 por el arzobispo de París, cardenal Léon-Adolphe Amette, y la escena apócrifa del papa Pío X viendo bailar la “danza del diablo” desde su sillón del Vaticano antes de proponer su reemplazo por la furlana, la “danza del papa”, son episodios legendarios de la historia del género. Este artículo los explora desde una perspectiva histórica basada en documentos inéditos del arzobispado y en una colección de Semaines Religieuses, las revistas oficiales de las diócesis de toda Francia. Esas fuentes señalan al episcopado francés en su conjunto, políticamente enfrentado con el gobierno republicano que en 1905 había sancionado la Ley de separación de la Iglesia y el Estado, como origen y foco de la campaña internacional contra la danza venida del fin del mundo. Como suele ocurrir con las censuras moralistas, los obispos contribuyeron así a transformar al tango en una fantasía erótica poderosa y ampliamente compartida. También, en una fuente de inspiración, por ejemplo, para el compositor Erik Satie, quien en los bocetos para su Tango perpétuel de 1914 describe al diablo bailando el tango “sentado en un sillón”.

Detalles del artículo

Sección
Dosier